El Niño vuelve agrandado a Perú: ¿y ahora qué hacemos?

Columna de Tony Salas publicada en Vision Magazine Latam N.º 37, sección Análisis, edición de septiembre y octubre de 2026, páginas 38 a 40. Leer la edición original.
El Niño vuelve a poner a prueba a la agroexportación peruana. Arándanos, uvas y paltas enfrentarán impactos distintos en calidad, productividad y costos, pero con un desafío común: tomar hoy las decisiones que determinarán quiénes saldrán fortalecidos y mejor preparados para las campañas futuras.
Más allá de las terribles consecuencias en las vidas humanas en términos sociales y económicos, en el sector agrario, El Niño no discrimina. Golpeará fuerte a grandes y pequeños. A productores de variedades modernas y tradicionales. A arándanos en suelo y a campos en maceta. A empresas de 5 hectáreas y a fundos de 500. Pero las consecuencias no serán las mismas. Cada empresario tendrá que definir su propia estrategia.
Los bancos estarán revisando sus garantías para decidir a quién refinanciar y a quién no. Los proveedores harán lo mismo con sus cuentas por cobrar. Los exportadores estarán vigilando la condición de la fruta y los recibidores endurecerán las inspecciones porque saben que la fruta peruana llegará con mayores riesgos. Mientras tanto, los productores estarán contando sus kilos.
El Niño no golpea solamente al agricultor; golpea a toda la cadena. Y cada eslabón tendrá que administrar su propio riesgo.
La agricultura lleva miles de años enseñándonos una misma lección: no controlamos el clima, pero sí controlamos cómo respondemos. Podemos decidir dónde invertir, cuánto gastar, qué variedad renovar, cómo y qué podar, qué cosecha vale la pena sacar y cuál no. Algunos perderán fruta. Otros perderán capital. Y algunos utilizarán un año malo para construir la ventaja competitiva de los siguientes cinco.
Porque la verdadera resiliencia no consiste en sobrevivir a El Niño. Consiste en salir de él mejor posicionado que cuando entramos.
Así que la pregunta vuelve a ser la misma: El Niño viene. Ya está aquí. ¿Qué vamos a hacer? Después de persignarnos, claro.
El verdadero problema no es la lluvia
En el Perú hemos tenido años para prepararnos. Sin embargo, la prevención de infraestructura frente a eventos climáticos extremos ha avanzado mucho menos de lo que debería. Y mientras seguimos discutiendo qué debió hacerse, el agricultor tiene que decidir qué hacer con su propio campo. Esa discusión política podría continuar, especialmente en el Perú luego del fin del peor periodo presidencial de los últimos 50 años y ahora ad portas de El Niño más agrandado de los últimos 150. Pero el empresario del campo no puede esperar.
Cuando hablamos de El Niño casi siempre pensamos en ríos desbordados, puentes colapsados o carreteras destruidas. Ese daño físico existe y puede ser enorme, especialmente si dependemos de la logística terrestre para mover personal hacia las fincas y contenedores hasta el puerto. Pero para los frutales de exportación el problema más profundo ocurre dentro de la planta.
La mayoría de especies frutales necesitan un invierno, aunque sea el modesto invierno costero peruano. Es durante ese período cuando disminuye la presión de plagas, se acumulan reservas y se activan los procesos fisiológicos que permiten una adecuada diferenciación floral.
Con un Niño intenso ocurre exactamente lo contrario. Aumentan las temperaturas, el déficit de presión de vapor (DPV) obliga a la planta a cerrar parcialmente sus estomas para evitar deshidratarse y disminuye la entrada de CO2. La Rubisco pierde eficiencia, aumenta la fotorespiración y la planta comienza a consumir más energía de la que logra capturar mediante fotosíntesis.
El resultado es simple: la planta sigue creciendo cuando debería estar acumulando reservas para producir fruta. Ese desbalance explica buena parte de lo que estamos viendo y veremos en los próximos meses.
Ahora bien, no todos los cultivos responderán igual.
Tres cultivos, tres respuestas distintas
Arándanos
El principal problema no será únicamente producir menos. Será producir fruta de menor calidad y renunciar al sueño de lograr un costo de producción por debajo de los US$4/kg.
Las olas de calor y una baja amplitud térmica reducen firmeza, turgencia (crispness), color (antocianinas) y vida poscosecha. Puede haber fruta con buen calibre e incluso buen contenido de azúcares, pero sin la densidad, la textura ni la acidez que hoy exigen los mercados premium. Dependiendo de la zona de producción, mientras más al norte, más afectado, este segundo semestre en el Perú tendrá un bajón significativo en volúmenes.
Las variedades no-chill probablemente soportarán mejor esta campaña que muchas low-chill, mientras que los cultivos establecidos en maceta o bolsas tendrán una ventaja frente a aquellos sembrados directamente en suelo cuando aparezcan lluvias intensas, simplemente porque será más fácil evacuar el exceso de agua.
La pregunta ya no será solamente cuántos kilos producir. Será cuántos kilos realmente llegarán en buenas condiciones al consumidor. Podemos gastar más en aplicaciones de calcio, bioestimulantes u otras estrategias para mejorar pigmentación y calidad, pero la pregunta incómoda es si financieramente vale la pena.
Seguramente habrá menos producto, sin embargo habrá que estar especialmente atentos a los surveyors y a las inspecciones en destino. Aunque se diga que “en escasez te compran hasta las piedras”, cualquier observación puede terminar convirtiéndose en un descuento, reclamo o rechazo costoso.
Una menor oferta puede sostener mejores precios, pero una fruta de mala condición será igualmente castigada.
Uvas
Para la uva el impacto será mucho más inmediato y golpeará a productores, acortando además la principal ventana comercial de 2026/27.
La lluvia puede manchar la fruta y afectar severamente su calidad. Seguro aquellos que utilizaron cobertores ven cómo esa inversión se paga en una sola temporada. Pero a la lluvia se le va a sumar una menor amplitud térmica, que perjudicará el desarrollo y la uniformidad del color en variedades rojas, comprometiendo la vida de anaquel. Esto se explica, especialmente, porque muchas genéticas patentadas de las variedades modernas han sido desarrolladas, por ejemplo, para California, donde la fruta se consume pocos días después de cosechada y no necesita tener las “piernas” para atravesar un océano.
El Niño hará que se extrañen esas podas fuertes de mayo y algún agricultor “vintage” extrañará la resiliencia de la Red Globe y la Crimson.
Evidentemente los productores del norte del Perú serán los más afectados y, paradójicamente, algunos productores bien al sur del Perú podrían convertirse en los grandes beneficiados. Así, un buen viticultor de Arequipa o Moquegua que logre cosechar 5.000 cajas por hectárea de Allison y venderlas alrededor de US$27 por caja habrá transformado temporalmente una ventaja climática en una ventaja comercial.
Será un año para pensar cuidadosamente las fechas e intensidad de la poda y la ventana comercial, más que para seguir el calendario tradicional.
Paltos
En palta, la factura probablemente llegará con retraso. La campaña actual está, en gran medida, definida. El verdadero riesgo es la campaña siguiente. Sin un invierno adecuado, la diferenciación floral será menor y no sería extraño observar reducciones importantes de calibres en 2026. Aunque el golpe más severo podría sentirse después, con una caída significativa de la productividad en 2027.
Al ser Perú un price maker en su ventana, en el 2027 seguramente el precio FOB subirá a más de US$2/kg. Sin embargo, un precio alto no necesariamente salva un campo, ya que los costos también cambian cuando cae la producción, y la mayoría son fijos. Imaginemos un palto peruano de exportación con un costo de producción del orden de US$1,10 a 1,25/kg y un precio de venta FOB de US$1,60 a 1,70/kg.
Parece rentable, pero en una plantación madura la cosecha es el principal componente variable. Entonces, si un buen campo baja su producción de 24 t/ha a 12 t/ha (y ojalá llegue a 12), el costo eventualmente se podría ir por encima de los US$2/kg.
Por eso mi consejo es simple: si el año va a ser malo, no lo hagamos más caro.
Por otro lado, las fincas establecidas sobre camellones enfrentarán mejor los problemas de saturación radicular y, de paso, podrán beneficiarse del lavado de sales acumuladas durante años. Los pequeños productores de la sierra también podrían encontrar una oportunidad interesante si la menor producción de la costa norte les permite ingresar a ventanas comerciales históricamente dominadas por grandes volúmenes, a partir de mayo 2027. Eso sí, se debe recordar que la montaña y los valles también cobran sus propias facturas, en aluviones y desbordes.
No hay recetas universales
Aquí aparece la pregunta incómoda. Entonces, ¿qué hacemos?
No pretendo hacer otra “lista de lavandería” con veinte recomendaciones que sirvan para todos y para nadie. Cada productor tendrá que construir su propia estrategia según su ubicación, su variedad, su nivel tecnológico y, sobre todo, su capacidad financiera. Por ello, humildemente ensayaré algunos principios que podrían orientar cualquier decisión.
Primero, revisar las coberturas de las pólizas de seguros y proteger la infraestructura del campo antes que la fruta. Un drenaje limpio puede generar mucho más retorno que una aplicación foliar realizada demasiado tarde.
Segundo, cuidar las reservas fisiológicas de la planta. En algunos casos será más rentable renunciar a una pequeña cosecha y permitir que el árbol llegue fortalecido a la campaña siguiente.
Tercero, analizar el costo real de cada kilo producido. Cuando la productividad cae, muchos costos fijos permanecen intactos y el costo por kilogramo puede dispararse. No todo kilo adicional genera valor.
Cuarto, priorizar calidad sobre volumen. Perú es un price maker mundial en arándanos, uvas y paltas durante varias ventanas comerciales. Una menor oferta puede sostener mejores precios, pero una fruta de mala condición será igualmente castigada.
Y, finalmente, aprovechar el año malo para ejecutar las decisiones difíciles que normalmente se postergan: renovar variedades, realizar podas severas, mejorar drenajes o incluso replantear parte de la finca. Muchas veces, la mejor inversión durante un año malo no está en producir más, sino en preparar el campo para producir mucho mejor cuando las condiciones vuelvan a normalizarse.
La verdadera pregunta
Después de varias décadas caminando campos en más de 30 países, aprendí que el productor agrícola posee una virtud que pocas industrias desarrollan con tanta naturalidad: la resiliencia. No porque le guste sufrir, sino porque entiende que la naturaleza nunca negocia… y El Niño tampoco lo hará.
Por eso, más que preguntarnos cuánto lloverá o cuántos grados aumentará la temperatura, quizá la pregunta correcta sea otra: ¿Qué decisiones voy a tomar hoy para que mi empresa salga fortalecida cuando este Niño termine?
Porque, al final, la diferencia entre una crisis y una oportunidad rara vez la marca el clima. La marca la calidad de las decisiones que tomamos mientras el clima ocurre.
El productor agrícola posee una virtud que pocas industrias desarrollan con tanta naturalidad: la resiliencia. No porque le guste sufrir, sino porque entiende que la naturaleza nunca negocia… y El Niño tampoco lo hará.


